La Antártida oriental: peligros en su vegetación por culpa del cambio climático

La vegetación de la Antártida Oriental a merced del cambio climatico

Un estudio histórico de 13 años publicado en Nature Climate Change ha proporcionado la primera evidencia de que el cambio climático está afectando a los ecosistemas terrestres en la Antártida oriental.

Mientras que la Antártida Occidental y la Península Antártica se encuentran entre los lugares que más rápidamente se calientan en el planeta, la Antártida oriental no se ha calentado de la misma manera y parecía haber escapado a los impactos más fuertes del cambio climático.

La vegetación de la Antártida Oriental a merced del cambio climatico

El estudio, realizado por investigadores de la Universidad de Wollongong (UOW), la División Antártica Australiana y la Organización Australiana de Ciencia y Tecnología Nucleares, descubrió que la vegetación en la Antártida Oriental está cambiando rápidamente en respuesta a un clima más seco.

Los investigadores sostienen que la Antártida oriental se ha vuelto más fría, más ventosa y más seca debido a los efectos combinados del cambio climático y el agotamiento de la capa de ozono. Han ublicado resultados en Nature Climate Change. A partir de 2000, los investigadores monitorearon lechos de musgo viejos cerca de la estación casera de Australia. El exuberante lecho de musgo verde de Casey, conocido como el ‘Daintree de la Antártida’, es el ecosistema de plantas más grande de la Antártida oriental.

La investigadora principal, la profesora principal Sharon Robinson del Centro de Soluciones de Ecosistemas Sostenibles en la Facultad de Ciencias Biológicas de la mecionada universidad, dijo que cuando los investigadores comenzaron a monitorear el lecho de musgo en el 2000, pensaron que cualquier cambio que vieran sería muy gradual.

El estudio, realizado por investigadores de la Universidad de Wollongong (UOW), la División Antártica Australiana y la Organización Australiana de Ciencia y Tecnología Nucleares.

“Nos sorprendió mucho cuando vimos lo rápido que estaba cambiando. Después de un estudio piloto en 2000, establecimos el monitoreo en 2003. Cuando volvimos en 2008, todas estas camas de musgo verde se habían puesto de color rojo oscuro, lo que indicaba que estaban muy estresadas. Fue un cambio dramático “, dijo. Buscando la causa del estrés, los investigadores encontraron evidencia de un clima más seco. Una pieza de evidencia fue la composición cambiante de especies.

 

Cuando comenzó el estudio, los lechos de musgo estaban dominados por Schistidium antarctici, una especie que puede sobrevivir largos períodos bajo el agua, que a menudo eran los lechos de musgo de Casey durante el breve verano de la Antártida. Para 2013, muchas de esas áreas estaban siendo invadidas por otras dos especies de musgo que prosperan en condiciones más secas y son menos tolerantes a la inmersión.

La investigadora asociada de la UOW y coautora, Melinda Waterman, dijo que también encontraron evidencia de sequía en los mismos brotes de musgo, que, al igual que los anillos de los árboles, conservan un registro del clima pasado. “Cuando rastreamos los núcleos de los brotes de musgo obtenemos estas firmas que nos dicen lo húmedo o secos que estaban mientras crecían. Algunos de los musgos tienen cientos de años, por lo que nos dan un muy buen registro climático para esta parte de la Antártida “, dijo Waterman.

“Usamos el pulso de la bomba de radiocarbono -el pico en radiactividad en la atmósfera causado por las pruebas de armas nucleares que alcanzó su punto máximo alrededor de 1965- para fechar con exactitud los núcleos de musgo, y descubrimos que muchos de los musgos están creciendo en condiciones más secas ahora que en la década de 1960.

“De los 18 musgos que se tomaron muestras, la mayoría mostró evidencia de sequedad y el 40 por ciento mostró evidencia de sequedad significativa. Sólo tres no mostraron sequedad”.

Los datos de las estaciones de la Oficina de Meteorología en la Antártida oriental muestran que se ha vuelto más frío y con más viento en el mismo período. “El hecho de que hace más frío durante el verano significa que hay menos agua de deshielo, nunca llueve allí abajo, por lo que toda el agua debe provenir del derretimiento de la nieve y el hielo”, dijo el profesor Robinson.

“Todas estas diferentes líneas de evidencia nos dicen que hay más sequedad, algo que está conectado a este cambio en los vientos. El agujero de ozono y el cambio climático han acercado los vientos del oeste a la Antártida, lo que ha incrementado la velocidad del viento y lo ha vuelto más seco.

“Es la primera evidencia de que las comunidades de la Antártida Oriental se han visto afectadas por el cambio climático y el agotamiento de la capa de ozono”. El mensaje más amplio del estudio, dijo el profesor Robinson, es que en ninguna parte de la Tierra se evitan las consecuencias del cambio climático.

“Pensamos en la Antártida como un desierto prístino, pero el cambio climático y el agotamiento del ozono tienen un gran impacto allí. Lo que hacemos en el resto del mundo afecta a las plantas y animales en la Antártida”, dijo. Al mismo tiempo, lo que sucede en la Antártida afecta al resto del mundo; a medida que los vientos del oeste que circulan en la Antártida se mueven hacia los polos, están cambiando los patrones del clima en todo el hemisferio sur.

Por: ECOticias.com / Red / Agencias

https://www.ecoticias.com/cambio-climatico/187822/vegetacion-Antartida-Oriental-merced-cambio-climatico

La cantidad de árboles nuevos disminuye con el cambio climático

Luego de estudiar cinco especies dominantes de árboles con 306 puntos repartidos en nueve áreas montañosas del Mediterráneo, un equipo de científicos propone que este patrón de comportamiento podría contrarrestar en parte el efecto negativo que provoca el calentamiento global. Los resultados del estudio sugieren que, para hacer frente al cambio climático, las poblaciones de árboles inician un proceso de estabilización de la demografía en las primeras etapas del crecimiento: los nuevos disminuyen pero los que ya están establecidos crecen más.

Luego de estudiar el comportamiento de cinco especies dominantes de árboles en áreas mediterráneas de montaña, investigadores del Museo Nacional de Ciencias Naturales (MNCN-CSIC) han comprobado que existe una compensación entre la supervivencia de los nuevos ejemplares y el crecimiento de los ya existentes. Para hacer frente al cambio climático las poblaciones de árboles inician un proceso de estabilización de la demografía en las primeras etapas del crecimiento.

El estudio, publicado en Perspectives in Plant Ecology, Evolution and Systematics, se ha centrado en medir el impacto del cambio climático en ejemplares de árboles juveniles (de entre dos y cinco años) bien establecidos y con posibilidades de llegar a adultos en áreas mediterráneas de montaña.

En concreto, los científicos analizaron tres especies cuyo límite de su distribución se encuentra en estas regiones: el pino silvestre (Pinus sylvestris), el pino negro (Pinus uncinata) y el haya común (Fagus sylvatica), y dos propiamente mediterráneas, la encina (Quercus iliex) y el pino laricio (Pinus nigra subespecie salzmmanii).

“Lo que hemos hecho ha sido analizar los patrones de distribución comprobando la abundancia y midiendo el crecimiento de estos ejemplares juveniles de 306 puntos distribuidos en diversos rangos de altitud en nueve regiones montañosas previendo que ante el calentamiento global las especies tienden a elevar su rango de distribución buscando áreas más frescas”, contextualiza Fernando Valladares, investigador del MNCN.

Reemplazo asimétrico de los bosques

Pese a las diferencias notables entre las especies estudiadas, los expertos detectaron un patrón de comportamiento similar en la aparición de nuevos ejemplares. “Hemos visto que se produce un reemplazo asimétrico de las áreas boscosas. Aparecen más ejemplares en las zonas algo más elevadas del área de distribución de cada especie, pero el crecimiento de los nuevos ejemplares es mayor a menor altura”, explica Valladares.

“Se trata de una compensación entre la supervivencia y el reemplazo con nuevos ejemplares. Podría ser una forma de contrarrestar en parte el efecto negativo que provoca el calentamiento global en los límites del área de distribución de las diferentes especies”, continúa.

El cambio climático está alterando la distribución geográfica de las especies en todos los ecosistemas del planeta. En función de la climatología y las barreras que encuentran, las especies se redistribuyen por zonas donde consiguen sobrevivir pero se desconoce hacia dónde se mueven exactamente y la magnitud de este cambio en su distribución real.

“Nuestros resultados destacan la importancia de considerar las diferentes respuestas de una misma especie en cada edad o fase demográfica (juvenil, adulto, senescente) a lo largo del rango climático de su distribución para entender los efectos que el cambio climático podría ejercer en la distribución de especies y las dinámicas de las poblaciones”, concluye Valladares.

Referencias

Raquel Benavides, R., Escuderob, A., Coll L., Ferrandis, P., Gouriveau, F., Hódare, J.A., Ogayaf. R., Rabasag, S.G., Grandag, E., Santamaría, B.P., Martínez-Vilaltaf, J., Zamorae, R., Espelta, J.M., Peñuelas, J.M. y Valladares, F. (2015) “Survival vs. growth trade-off in early recruitment challenges global warming impacts on Mediterranean mountain trees”. Perspectives in Plant Ecology, Evolution and Systematics.

https://www.researchgate.net/profile/Raquel_Benavides/publications

 

http://www.creaf.uab.es/Global-Ecology/Pdfs_UEG/2015_Benavides_et%20al_Perspect%20plat%20Ecol.pdf

 

¿Que ha sucedido en la Cumbre de París COP21?

Han tenido 11 días de conversaciones, más uno de gracia para presentar las conclusiones. El resultado: un acuerdo entre 195 países que se ha festejado con pompa, boato y mucho triunfalismo, pero que aún hace falta que sea ratificado por las potencias más contaminantes

Quienes acuden a la cumbre hablan de jornadas agotadoras, de tiras y aflojes, de pactos, sub pactos y concesiones y de un logro histórico que resumen en una serie de puntos básicos que serían los puntales de la nueva actitud mundial de cara a la lucha contra el calentamiento global. En el acuerdo se explicita que en vistas a revertir el cambio climático, los países que lo firman deben promover, respetar y tomar en consideración sus obligaciones respectivas referentes a los derechos humanos, los de los niños, los migrantes, los de los indígenas, el derecho universal a la salud, las particularidades de las comunidades locales, las personas con discapacidad y/o “en situaciones de vulnerabilidad”, el derecho al desarrollo, la igualdad de género, la equidad intergeneracional y el “empoderamiento” de la mujer.

 

Antes de entrar en temas de compromisos queda claro que el acuerdo que se firma está supeditado a que tan pronto como les sea posible, los países participantes deben ratificarlo, aceptarlo, aprobarlo o adherirse a él, según proceda. Para ello ya se dan fechas específicas; el director Gral. De la ONU queda como depositario del acuerdo y es quien debe organizar la ceremonia de apertura de firmas que se hará en Nueva York el 22/04/2016 y quedará a disposición de los firmantes por un período de un año.

 

También se crean numerosos grupos de trabajo con diversos fines, desde la supervisión de las ceremonias, el contralor de las firmas, el informe periódico de los avances hasta para preparar la puesta en vigor de las medidas que se han tomado en París.

 

 

¿Qué dice el acuerdo? Desde el principio se habla de la existencia de una serie de contribuciones nacionales que se han recibido, en pos de que se reduzcan las emisiones globales. Se aceptan las que se han propuesto, se insta a que quienes aún no las que lo hagan a la brevedad y se pide que cada una de ellas se publique en la web de la Convención (con el fin de que la información sea transparente y pública).

 

También queda muy claro que los compromisos ofrecidos hasta el momento NO alcanzan para lograr la reducción real de las emisiones y llegar a que el aumento de la temperatura sea menor a 2ºC en 2030 (debe ser por eso que más adelante se “alargan” los plazos hasta 2050 y 2100). Con ese panorama ya se planifica un diálogo (otra reunión global) para 2018 con el fin de verificar si los esfuerzos de las naciones participantes y los objetivos que se han propuesto están llevándose a cabo.

 

 

Temperatura Para 2100 el Acuerdo reconoce que es necesario mantener el Calentamiento global bajo control y que la temperatura no puede subir más de 2ºC, pero incluso hablan de mantenerla por debajo del grado y medio como máximo. Financiación Se reconoce (nuevamente) la Deuda Climática (tácitamente, o sea sin mencionarla como tal) y se habla de que los países desarrollados deben conseguir recaudar cien mil millones de dólares para ayudar a los países que sean más vulnerables al “Cambio Climático”.

 

 

Habrá un “Registro Público” del llamado “Fondo Verde para el Clima” (GSF, según sus siglas en inglés y que en realidad se creó en 2011 en Cancún), que se prevé comenzará a funcionar el primer semestre de 2016 y donde constará el aporte de cada una de las naciones involucradas; la cifra antes mencionada deberá ser revisada en 2023. Diferenciación Se pide a los países que están más desarrollados que sigan reduciendo sus emisiones de gases de “Efecto Invernadero” y que los Menos Adelantados hagan un mayor esfuerzo con el mismo fin.

 

 

Asimismo se insta a que haya una buena dosis de Transferencia de Tecnología, desde quienes la poseen hacia quienes la necesitan, con el fin de lograr las mencionadas reducciones. Objetivos para 2015 en las emisiones Se habla de alcanzar el “techo” en cuanto a emisiones contaminantes a la brevedad (¿cuándo y cómo?) y se espera que antes de 2050 se logre alcanzar el equilibrio entre lo que se emite y lo que se absorbe o elimina.

 

 

La responsabilidad será compartida. Si bien se especifica que los países más ricos son quienes deben apoyar económicamente a los que están en vías de desarrollo, se invita a quienes quieran realizar aportes de manera voluntaria a que lo hagan.

 

Revisiones Cada 5 años se deben revisar los resultados de cada país en cuanto a compromisos y logros reales y ajustar los primeros de forma de aumentar las responsabilidades. La primera de dichas revisiones será en 2023. Pérdidas y Daños Sigue vigente el reconocimiento hecho mediante el Mecanismo Intl.

 

De Varsovia de 2013, de que los países más pobres y por ende los más vulnerables, son quienes se han visto más afectados por los cambios climáticos y por ello es necesario ayudarles a abordar y combatir los daños y las pérdidas que les fueron ocasionadas. Desde España apoyo a la Cumbre y RD Aparentemente uno de los objetivos de la cumbre es que se deje de depender de los combustibles fósiles y se renueven los compromisos en cuanto al uso de las energías renovables, de las que nuestro país supo ser líder en su momento.
Fuente: http://www.ecoticias.com/co2/110123/El-regalo-de-Navidad-de-la-Cumbre-de-Paris?utm_source=MailingList&utm_medium=email&utm_campaign=14%2F12%2F2015+eco